Situado entre los paralelos 30° y 35° latitud Sur y entre los 53° y 58° de longitud, Uruguay se ubica en una zona templada austral. Más precisamente en una franja considerada de alta potencialidad vitivinícola.
Con una población de tres millones y medio de habitantes y una superficie de 176 mil kilómetros, es dentro de América Latina un país relativamente pequeño, con una cultura marcadamente Europea y raíces arraigadas al espíritu optimista del Gaucho. La población es diversa pero domina la española, italiana y francesa, lo cual se refleja en la vitivinicultura. Si bien el idioma oficial es el español es obligatoria la enseñanza del inglés y el francés, y eso representa un bagaje cultural importante.
Entre Argentina, Brasil, los ríos de la Plata y Uruguay, y el Océano Atlántico, Uruguay se encuentra en la gran puerta de entrada de América del Sur.
Este aspecto, sumado a la solidez del sistema político económico uruguayo y la posición que ocupa el país en términos de tecnología de las comunicaciones, sitúan a Uruguay como un gran exportador, tanto para la región como para el mundo.
MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA
Si bien la historia que más conocemos sobre la vid en nuestras tierras data de hace poco más de un siglo, el verdadero inicio tiene ya 250 años, cuando los inmigrantes introdujeron la vitivinicultura al país y todos sus conocimientos.
A partir de 1870 la industria vitivinícola cambia su perfil comercial gracias a dos notorios propulsores del ramo: Don Pascual Harriague –introductor de la cepa francesa Tannat, hoy nuestra variedad más representativa mundial-, y Don Francisco Vidiella, introductor de la variedad francesa Folle Noire.
Actualmente Uruguay cuenta con casi 9000 hectáreas de viñedos de óptima calidad enológica. Es fundamentalmente, un país de pequeños productores de uva y vino, donde el 100% de los establecimientos son familiares por más de tres generaciones en la actividad, y la producción media anual es de 95 millones de litros elaborados en 280 bodegas.
Entre otras variedades de uva tenemos las tintas Tannat, Merlot, Cabernet, Malbec y las blancas Sauvignon, Chardonnay, Semillón, Riesling, etc.
En el contexto mundial, con desgravación arancelaria y una economía globalizada, el vino uruguayo presenta ventajas competitivas y constituye cada vez más un producto deseable en el mercado internacional.