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Programa de reconversión industrial de bodegas

Programa de reconversión industrial de bodegas

El objetivo fundamental del Programa fue transformar al sector de la industria vinícola uruguaya a una mayor capacidad competitiva; lo que en resumidas cuentas debe definirse como el inicio del camino a la calidad total de los vinos. Es, en definitiva, la traducción tecnológica de la materia prima que proviene de los viñedos de variedades seleccionadas.

La consideración inicial partía de la competencia en los mercados internacionales, lo que representaba el ámbito del MERCOSUR con la prevalencia de Brasil por todos conocida, y obvio es decirlo el nacional para consolidar un consumo medianamente alto y la posibilidad cierta de acrecentarlo.

Se estructuraron dos etapas marcadamente diferentes en los proyectos: En primer lugar la capacitación; extremo fundamental en el desarrollo futuro del sector, por cuanto no es valedero una inversión tecnológica fuerte sin una base cultural que para ese estilo, la sustente.

En este sentido, no sólo se pensó en atender la capacitación propiamente dicha del empresario vinícola para moverse con normas de producción y gestión modernas, sino además previendo la realización de promociones comerciales, contratación de expertos puntuales y prácticas dentro y fuera de fronteras. En consecuencia, no hay dudas que el programa en sí mismo considera a la capacitación como piedra de toque del proceso; en tal sentido se exigió un monto mínimo del rubro para cada inversión en activos fijos.

Dentro de los campos culturales sobresalieron los idiomáticos, la informática, el marketing y, obviamente los cursos y viajes de conocimiento al exterior (donde deben incluirse cursos, pasantías y participaciones en ferias y concursos).

En segundo lugar; la inversión de activos fijos está orientada a la incorporación de maquinaria y reparaciones de la infraestructura de bodega. El rubro se fue consolidando a partir de la adquisición de nuevas tecnologías (filtros, moledoras, bombas, etc.) las reformas de recipientes y la compra de nuevos, entre los que se destaca el acero inoxidable y asimismo la tonelería de roble.

Cada bodega interesada en incorporarse al Programa debió presentar un proyecto de inversión avalado por un técnico de bodega y un especialista en Economía o Administración.

Los montos de apoyo económico que se estipularon fueron un tercio de las inversiones en activos fijos hasta un tope de U$S 25.000 y un 80% de los gastos de capacitación con un tope de U$S 10.000. Se presentaron 105 proyectos y se aprobaron 80.

La ejecución comenzó en el año 1999 estableciéndose como fecha final la de febrero de 2001; habida cuenta de las dificultades económicas, dicho plazo fue prorrogado hasta diciembre de 2003. Sin perjuicio de dicha dilación se ha cumplido el 74% de los proyectos iniciales.

En este sentido las cifras son muy claras, a junio de 2003: proyectos iniciales U$S 2.347.035.

Proyectos realizados y pagos U$S 1.758.038 diferencia U$S 588.997.

En consecuencia, puede afirmarse que el Programa ha sido un verdadero éxito, sin perjuicio de restar cinco meses para su culminación.

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Programa de reconversión industrial de bodegas

El objetivo fundamental del Programa fue transformar al sector de la industria vinícola uruguaya a una mayor capacidad competitiva; lo que en resumidas cuentas debe definirse como el inicio del camino a la calidad total de los vinos. Es, en definitiva, la traducción tecnológica de la materia prima que proviene de los viñedos de variedades seleccionadas.

La consideración inicial partía de la competencia en los mercados internacionales, lo que representaba el ámbito del MERCOSUR con la prevalencia de Brasil por todos conocida, y obvio es decirlo el nacional para consolidar un consumo medianamente alto y la posibilidad cierta de acrecentarlo.

Se estructuraron dos etapas marcadamente diferentes en los proyectos: En primer lugar la capacitación; extremo fundamental en el desarrollo futuro del sector, por cuanto no es valedero una inversión tecnológica fuerte sin una base cultural que para ese estilo, la sustente.

En este sentido, no sólo se pensó en atender la capacitación propiamente dicha del empresario vinícola para moverse con normas de producción y gestión modernas, sino además previendo la realización de promociones comerciales, contratación de expertos puntuales y prácticas dentro y fuera de fronteras. En consecuencia, no hay dudas que el programa en sí mismo considera a la capacitación como piedra de toque del proceso; en tal sentido se exigió un monto mínimo del rubro para cada inversión en activos fijos.

Dentro de los campos culturales sobresalieron los idiomáticos, la informática, el marketing y, obviamente los cursos y viajes de conocimiento al exterior (donde deben incluirse cursos, pasantías y participaciones en ferias y concursos).

En segundo lugar; la inversión de activos fijos está orientada a la incorporación de maquinaria y reparaciones de la infraestructura de bodega. El rubro se fue consolidando a partir de la adquisición de nuevas tecnologías (filtros, moledoras, bombas, etc.) las reformas de recipientes y la compra de nuevos, entre los que se destaca el acero inoxidable y asimismo la tonelería de roble.

Cada bodega interesada en incorporarse al Programa debió presentar un proyecto de inversión avalado por un técnico de bodega y un especialista en Economía o Administración.

Los montos de apoyo económico que se estipularon fueron un tercio de las inversiones en activos fijos hasta un tope de U$S 25.000 y un 80% de los gastos de capacitación con un tope de U$S 10.000. Se presentaron 105 proyectos y se aprobaron 80.

La ejecución comenzó en el año 1999 estableciéndose como fecha final la de febrero de 2001; habida cuenta de las dificultades económicas, dicho plazo fue prorrogado hasta diciembre de 2003. Sin perjuicio de dicha dilación se ha cumplido el 74% de los proyectos iniciales.

En este sentido las cifras son muy claras, a junio de 2003: proyectos iniciales U$S 2.347.035.

Proyectos realizados y pagos U$S 1.758.038 diferencia U$S 588.997.

En consecuencia, puede afirmarse que el Programa ha sido un verdadero éxito, sin perjuicio de restar cinco meses para su culminación.

 

 

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