Fresca en mi mano, airosa se aposenta, la copa
cristalina, de promesas llena. De la uva se exprimió
el jugo fresco, y al fermentar, el rico mosto se trocó en vino.
Color, sabor, aroma sin medida, desde lejanos tiempos ha venido.
¿Por qué milenarios caminos ha pasado, para llegar a mí,
esa perfecta sinfonía, que le da goce a todos los sentidos?
sensualmente palpables los matices, desde la cuba ha hecho
un largo viaje, para darnos, esta gama de placeres infinitos.
El servir y el beber un vino noble, no es proceso
ni breve, ni sencillo. Se acompaña de cierto misticismo:
con los ojos cerrados, sentir el tacto del copón que abierto
espera, el momento justo, de dar goce a todo el sentimiento.
No se debe apurar en la bebida. Es ceremonia; un ritual
jerarquiza ese momento. Para servirlo, hacerlo con mesura,
observar cómo se llena, poco a poco, del líquido ambarino,
rojizo, oscuro o blanco, el recipiente que hemos elegido.
El mayor placer, está en la fragancia, y sin colmar la copa,
de cristal sin tallar, que sea muy fino, llenar a la mitad,
para sentir, que lo mejor del vino, hacia nosotros sube,
y valorar la calidad, que anticipa el placer, por su perfume.
No hay prisa en el beber, porque podamos, sentir cómo nos llega
hasta el olfato, el recuerdo, de soles y veranos, de vientos,
de polvo de caminos, de manos que cortan los racimos,
Risas, sudor y cantos que acompañan, la fiesta del trabajo.
Dejar que el primer sorbo nos recorra, las partes
más sensibles de la boca; la lengua, el paladar,
cerrar los ojos, mientras nos invade el sortilegio
de sentir que estamos, ante el milagro de beber el vino.
Las variedades juegan desde el blanco, transparente,
al tinto, que es muy serio, y juguetones, son los espumantes
ricas burbujas, cuando abres la botella, ya sea champagne,
o cava, y transforma la atmósfera, con un aire chispeante.
La gama de colores, infinita: el chianti rubí intenso, de aroma
penetrante, otros color caoba, bouquet más delicado;
si es dulce, y señala el final de una comida, suele ser muy grato
si manos laboriosas, las delicias caseras han preparado..
Es el vino la copa de la vida, del tronco fuerte que produce
nuevas ramas, la cepa noble traída de otros lares, que nutre,
crea, y un pueblo la vendimia. No viene hasta nosotros, como algo
misterioso. Donde hubo parras, el hombre creó el vino.
¡ Vino y vida ! Las dos igual comienzan, y necesitan
de soles que la entibien. Cuando una pena te invade,
un beso suyo, te arropa y reconforta cuando sientes,
que el alma llora, y se desborda, llena de desdicha.
Y en la alegría de amar, de triunfar y ser felices, no falta el brindis,
la copa en alto llevas, la compartes con otro. Se festeja,
y con medida, que este gesto no sea, beber sin degustar,
porque sí una bebida, sino, que ese momento, se transforme en
¡ un brindis por la vida !
León Alba De Los Santos